Buenos días gentecilla. Llevo unos días bastante inestable y mal. Y lo digo sin más porque otra cosa no, pero es la cruda realidad. Desde luego que han sido unos días con mucho altibajos que me han dificultado un poco la marcha al frente en el camino de la vida. Evidentemente no todo se pasa, o se soluciona, o se cura de la noche a la mañana. Y sé todavía me queda un largo camino por recorrer. Sin embargo, y a pesar del monumental sueño, esta mañana me he levantado de buen humor y, a pesar de dolor de tripa jajaja, todo parece sereno.
Todo te lo debo a ti, que estás a mi lado cada segundo y no me dejas ni un momento solo. Gracias a ti no me estoy hundiendo en lo que fue para mi una pesadilla hace años, y eso marca la diferencia. Porque lo estás dando todo por mi. Yo lo sé, y lo valoro muchísimo. Se que puedo contar contigo para lo que sea, y aunque a veces me jode que te tengas que venir desde lejos por mi, me gusta y es lo que necesito.
Por eso debo darte las gracias, por todo lo que estás haciendo por mi, que ya lo hiciste en el pasado y se que lo seguirás haciendo. Por todo lo que me has dado desde que te conocí y lo que te queda por darme. Sé que quedan muchas experiencias por vivir y desde luego que sé que estarás conmigo en ellas. Muchas gracias por ser como eres Marta, no cambies nunca.
"Un escalofrío recorrió su cuerpo, erizando todos y cada de los pelos de su cuerpo. El temblor tan intenso que le dio hizo que se removiera varias veces entre las mantas hasta que no lo soportó más y se levantó de la cama. La luz que entraba por los huecos de la persiana era apagada y triste, lo cual no logró mejorar su estado de ánimo, que le venía persiguiendo días atrás.
Salió de la cama de un salto para evitar todo tipo de atracción hacia ella, de lo cual se arrepintió nada más poner los pies desnudos en el suelo, que parecía una pista de patinaje sobre hielo. Buscó con ahínco sus zapatillas de andar por casa, las que se habían desplazado dos metros de él en la noche sólo para dificultarle el despertar. Una vez calzado, se incorporó y se colocó una manta sobre los hombros como si de una capa se tratase. De camino al baño su perro, que era muy peludo y blanco como las nubes, mordió una esquina de la manta que le cubría y comenzó a tirar de él. De vez en cuando descansaba para ladrar intentando decirle algo a su dueño. Cansado de ignorar a la insistente mascota, decidió seguirlo pensando que le llevaría hasta su plato vacío de comida, sin embargo fue arrastrado hasta la puerta de la calle.
Pensando que el pobre animal sufría una urgencia, corrió a vestirse para darle un paseo. Se abrigó bien, puesto que estaba en mitad del mismo invierno. Le puso el collar y la correa y juntos salieron por la puerta de la casa. Según bajaba las escaleras notó que estaba muy cansado, sus ojos aun no se habían abierto del todo pero el perro tiraba fuerte de él. Desde luego el animal parecía contento, y además tenía prisa. Al llegar al portal se quedó sorprendido.
Un manto blanco cubría todas las calles. Debía de haber caído la nevada del siglo. Su perro, cada vez más nervioso, insistió en que salieran afuera. Sabía que a su mascota le encantaba jugar en la nieve, pero le seguía pareciendo raro el comportamiento del animal. Nada más abrir la pesada puerta del portal, de nuevo un tirón le guió a lo largo de la calle. Intentando no resbalar debido a las prisas de su mascota, trataba de admirar la belleza de la ciudad con la capa blanca que la cubría, pero apenas tenía tiempo para ello.
Al volver a centrar su atención al destino al que estaba siendo llevado, cayó presa de una extraña sorpresa, su perro le había llevado a la entrada de un bosque. Pero, ¿un bosque en medio de la ciudad? No lo recordaba para nada. Los ojos sinceros de su mascota le hicieron adentrarse en él, con su fiel compañero. En el bosque había todo tipo de vegetación, habían árboles que sin ningunas de sus hojas aguantaba el frío estacional con esmero, mientras que otros de sus compañeros aun guardaban sus vestiduras, ahora cubiertos de un sombrero blanco y helado. Él no sabía a dónde iba, pero el animal sí. Tras varios minutos paseando, llegaron a un pequeño claro en la espesura del bosque. De un fuerte tirón el perro se liberó de sus ataduras y corrió al centro del lugar, dónde había una serie de rocas que creaban un círculo y, en medio de las mismas, una rosa negra."
Gracias enana, Te quiero.