Lo peor es notar como te va cabreando. Como una serie de sensaciones indescriptibles recorren todo tu cuerpo y aceleran tu corazón. A su vez y poco a poco desaparece la censura de tu propia mente, las cosas que no quieres decir y que cada vez son más frías, más retorcidas. Poco a poco encuentras puntos débiles en tu rival y a cada segundo que pasa este sentimiento crece y poco a poco la piedad empieza a desaparecer. Cuando ya no queda nada, tan sólo las ganas de explotar y soltarlo todo es cuando se termina de liberar...
Es en ese momento cuando sabes que puedes derrumbar a tu rival cuando tu quieras. Como el ser más frío y calculador empiezas a maquinar en únicamente fracciones de segundo todas las frase que en su pequeño esfuerzo por exhalarlas terminarías gastando el mínimo aliento con el máximo daño.
Empieza, las palabras fluyen. Te das cuenta de que la persona que está frente a ti de pronto se queda sin palabras, tan sólo escucha y cuando su expresión comienza el cambio... Te frenas. Tú mismo te das cuenta del daño que estás a punto de causar. Paras un instante, piensas un final que termine con la discusión, y terminas con la batalla.
Por suerte por ahora me doy cuenta de que debo parar, en el fondo sé que no estoy enfadado del todo. En el fondo sé que no termino de perder los papeles... Pero si aun controlándome un poco soy capaz de esto... ¿Qué sucederá si alguien de verdad me cabrea del todo? No quiero saberlo, no me gusta esta parte de mi. Una parte de mi que aun es un misterio, hasta para mi.
"La noche se tornaba cada vez más oscura, el viento era mucho más violento y a la vez el ambiente estaba muy cargado. Tenía delante al agresor de su familia. Por ahora todo estaba tranquilo. El agresor le amenazaba con ser el siguiente. Era un hombre corpulento y bastante ágil. Portaba un machete de considerable tamaño y lo zarandeaba velozmente para amenazar a su presa. Él estaba delante de su enemigo. Era un poco más pequeño y su expresión era seria y extrañamente calmada. No portaba arma alguna.
Lenta pero rauda, su mente trabajaba sin parar. Conocía la situación, tan sólo la estudiaba poco a poco. Su oponente no paraba de hablar, de gritar, de maldecir... Lo que no sabía es que por cada palabra, por cada grito, él recogía la información suficiente. Las palabras se empezaban a unir y cada vez eran más. Cada vez estaba más alterado, su enemigo seguía gritándole, y por cada exhalación de aliento por parte ajena su alma se enfurecía un poco más.
Lo notó, su alma había alcanzado su máximo aguante. Abrió los ojos y miró al agresor. Sus ojos de tono castaño brillaban de una manera distinta. La miraba de una persona sumisa se había convertido en la mirada afilada de un asesino. El ambiente se tornó cada vez más cargado, su respiración era demasiado profunda. Se acercó a su enemigo y esbozó una pequeña y ladeada sonrisa.
Su voz resonó cinco veces más poderosa que la de su enemigo que ahora estaba aterrorizado. Como una voz de ultratumba no cesó de gritar al agresor de su familia. Cada palabra estaba envenenada, y cada frase era como una espada que se clavaba en su rival con una fiereza extraordinaria y un acierto mayor. Pues ese era su poder, con las palabras era capaz de destruir el alma de su enemigo, y eso mismo hizo. Pasados únicamente tres minutos de gozo y regocijo por su parte, el agresor se hallaba en el suelo de la estancia. No se movía y su cuerpo desprendía un humo helado que indicaba que su alma había sido arrancada de sus mismos huesos."
"Annihilation will be unavoidable" (La aniquilación es inevitable)
Disturbed
