Bueno, voy a empezar mi Blog con una de las historias que escribí cuando estaba en mi primera relación seria. Esta es una de las historias breves que he escrito que más me gustan... y la verdad es que puse mucho sentimiento en ella. Aunque ahora esa relación forma parte de mi verdadera historia creo que esos momentos no deben ser olvidados jamás, ya que pertenecen al libro de mi vida y por supuesto forman parte de mi alma y de mi crecimiento como persona. Por ello he decidido abrir este Blog con esta historia, en el que publicaré historias antiguas y más actuales para la gente que quiera leerlas ^^.
Existió una vez, siglos atrás, un joven que su cuerpo carecía de esperanza. Era tal su pesimismo que no se esforzaba en intentar de abrochar el fino cordón de sus descuidados zapatos. Todo el mundo conocía su incapacidad. Preocupados seguían con la mirada al pequeño, que con un silencio sepulcral avanzaba solo por la larga calle. A su paso se podían escuchar voces de asombro y preguntas curiosas de los niños que preguntaban a sus padres por aquella solitaria figura.
Aquel joven no se atrevía ni a recordar su nombre, sólo caminaba y caminaba alejándose de cualquier peligro o distracción. Su mundo interior era lo único que le hacía compañía, pues no quería que nadie se acercase a él. Y, aunque todo el mundo pensaba que era un chico muy seco y triste, en ese mundo interior se imaginaba cada segundo como un héroe, o como una persona normal.
Era consciente de su problema, y de lo que le acarrearía. Su soledad cada día era más profunda, y se convencía de la imposibilidad de mejora, lo veía todo perdido. No era capaz de imaginar esperanza, valor o razón por la que luchar. Se convertiría en un alma en pena para el resto de su vida.
Un día caminando por la calle, que él consideraba menos peligrosa, hubo algo que le hizo despertar de su profundo sueño, dónde él era un caballero a lomos de un poderoso dragón. Una joven, muy bella, se encontraba hablando con sus amigas mientras el pasaba por delante de ellas, y por primera vez en mucho tiempo se paró en mitad de la calle.
No comprendía el porqué de la interrupción de su marcha, ni tampoco porqué su corazón, vivazmente acelerado, le golpeaba el pecho cada vez con más fuerza. Tampoco su capacidad de razonamiento fue capaz de explicarle, por qué sus pies le acercaron a ella. Cuando todo le parecía perdido, logró recuperar el control de su cuerpo y disimuladamente entró en la tienda de relojes que se encontraba detrás de ella. Ni siquiera sabía por qué le daba miedo acercarse a ella, pero, por primera vez en muchos años, se cuestionó el por qué no tuvo valor de hacerlo.
Cuando vio que la chica se marchaba, muy rápidamente, salió de la tienda y corrió a seguirla. Quería saber dónde vivía. La joven le llevó por incontables calles en las que él jamás se atrevió a cruzar, y por callejones en los que nunca quiso ni mirar. Estaba asustado, y no entendía por qué no desistía, sólo sabía que una fuerza poderosa que emergía de su pecho le daba valor, con tal de conocer a esa chica.
Le siguió hasta la periferia de la ciudad, y acto seguido se adentraron campo a través. Se empezó a preguntar si ella se habría dado cuenta de que él la estaba siguiendo, pero ya no le importaba, no había cabida para mirar atrás.
La misteriosa joven entró en una cueva que amenazaba con múltiples peligros. Por un momento el miedo se apoderó de su corazón, y su cuerpo se empezó a congelar. No sabía qué hacer, ¿seguirla? ¿O quizás abandonar…? Un fuerte sentimiento, de aparente origen en su corazón, se adueñó de él cuando pensó en perderle la pista a aquella chica. Desconocía ese poder, esa fuerza que le movió a entrar en la tenebrosa y oscura cueva, pero por primera vez en mucho tiempo, se sintió vivo.
El ropaje blanco de la joven cada vez era más oscuro, y a él le costaba mucho seguirle el paso. Sin darse cuenta, tropezó y cayó al suelo dándose un golpe muy fuerte en la cabeza. Se quedó inconsciente.
Una hora pasó desde que su cuerpo inerte se quedó tendido en el suelo, y tras despertarse consiguió levantarse. El miedo de nuevo engrandeció en su interior. Pensó en salir, pero estaba paralizado. Quería buscar a la chica, pero su voluntad hacía honor a su ausencia. De nuevo se encontraba perdido, esta vez en un mundo que le aterrorizaba más. Cerró los ojos, y recordó el brillante rostro de la joven. El recuerdo de aquellos impresionantes ojos de color castaño le provocó una leve sonrisa. Por un momento se creyó patético, se encontraba de pie, quieto e incapaz de moverse, con media sonrisa dibujada y… llorando. Su vida era horrible, llena de tristeza y soledad. Nunca lloró ni se lamentó por ello, simplemente aceptaba lo que él llamaba realidad. Y, sin embargo, por el recuerdo de aquella bella joven sus ojos eran incapaces de detener el llanto. En este momento comprendió que su vida anterior no merecía llevar aquel nombre, y que ahora su vida era aquella joven. Debía encontrarla como fuese. Se decidió a abrir los ojos cuando…
Ante el levitaba la joven, pero estaba algo distinta… Un par de alas de plumas negras se lucían en la espalda de la joven, y una fuerte luz que se emitía del interior de las plumas. Le pidió al joven que la siguiese, antes de convertirse en un veloz lucero que le guió hasta el final de la cueva.
Una vez fuera, el lucero desapareció. Pero un detalle nuevo alarmó la mirada del joven. Delante de él, y por arte de magia, una rosa negra había crecido en la misma entrada de la cueva. No terminaba de entenderlo bien cuando de la rosa surgió una voz.
“Yo soy tu esperanza, Dareku, tu valor y el amor que te dará fuerzas para que realces tu vida. Hoy comienza un nuevo periodo de tu historia. Tómame en tus manos y llévame cerca de tu corazón.”
Asombro, miedo, sorpresa y a la vez aquel desconocido sentimiento rondaron su corazón. Ese era su nombre, Dareku. ¡Cómo había sido capaz de olvidarlo! Tenía miedo hasta de sí mismo. Sin ninguna duda, agarró cuidadosamente la rosa de pétalos negros y, elevándola lentamente, la acercó a su pecho y la abrazó fuertemente. Las espinas negras del tallo se clavaron como agujas afiladas penetrando su piel. Sintió como algo cálido adentraba dentro de él. Una fuerza misteriosa y muy poderosa se apoderó de su mente. Un valor de características indescriptibles le llenó el corazón hasta convertirle en la persona que siempre deseó llegar a ser.
Del interior de la cueva se oyeron gritos. Parecía que le llamaban a alguien. Cuando se aclaró el tono de la voz, se distinguió perfectamente lo que decía. La voz de una chica joven le llamaba.
Aquella joven que le llevó hasta allí, salió corriendo de la cueva y le abrazó. Le susurró al oído, y le besó. Le cogió de la mano y juntos regresaron a la ciudad. Dareku recordó el momento en el que observó la silueta de la chica, que se dibujó en su oscura cara una leve torcida sonrisa… Ahora en su cara se podía vislumbrar una plena sonrisa y felicidad.
“Soy aquel que siempre he deseado ser. Estoy enamorado de un ángel de alas negras que me ha rescatado de mi soledad , de una rosa de pétalos negros que me devolvió la esperanza y de la chica con la que siempre he soñado… que me ha enseñado el amor “-pensó-“Ahora ya puedo decir, que soy feliz”