Que decir, estoy enfermo y filosófico. El dolor de cabeza debe de estar haciendo presión en algún punto crítico concreto de mi cerebro. Sólo puedo contaros que últimamente estoy de exámenes, me estoy aplicando bastante, más que estos últimos años, aunque este dichoso dolor de cabeza interminable no me deja concentrarme bien.
El caso es que ayer no fue un día muy bueno, todo era negativo. El mundo estaba empeñado en ponerlo todo difícil para joder y volver a joder. Me pasé el día agobiado y mal, hace mucho tiempo que no me sentía así. Hoy me he levantado con fiebre y le he echado narices para ir al examen que tenía. No sé si ha sido buena idea porque me he pasado 20 minutos intentando concentrarme en una sola pregunta del examen por culpa de la fiebre y del dolor de cabeza. Desde luego parece que todo va a ir a peor, que Murphy como siempre va a hacer de las suyas. ¿Qué hago yo? Pues qué le voy a hacer, lo que siempre digo, ponerle una buena sonrisa al mal tiempo.
"Con una lluvia interminable se despertaba la mañana en un día nublado y poco prometedor. El sonido de las gotas golpeando el cristal le despertó, miró el reloj, y decidió levantarse. Todavía le dolía el tobillo derecho, ayer cuando estaba trabajando se tropezó de la manera más tonta posible. Además como ya estábamos en invierno se había resfriado y el cuerpo se resentía a moverse.
Se arrastró hasta la cocina y preparó la taza y una cuchara. Al ir a llenar la taza de leche no pudo evitar tirar unas cuantas gotas encima de la mesa. Tras meter la taza en el microondas fue a coger un paño para limpiar el estropicio. No había reparado en las gotas que habían caído también al suelo y se resbaló. Tras una caída tonta que destrozó su espalda, se reincorporó y se fijo en que le dolía bastante la cabeza.
Al poco de desayunar, se dispuso a continuar su trabajo. Tenía la suerte de poder trabajar en su hogar y estaba metido en un proyecto muy importante. En su correo tenía un mensaje nuevo de su jefe. En él su jefe le informaba de que la fecha tope del proyecto se adelantaba un mes. Un escalofrío recorrió su espalda. No llevaba ni un cuarto y tenía sólo una semana para terminarlo.
No se lo podía creer, el agobio se apoderó de su alma y trató de concentrarse, pero no podía, el dolor de cabeza le estaba bloqueando. Se tomó un paracetamol y volvió a sentarse en su silla para continuar con su trabajo. Al poco de escribir unas líneas se dio cuenta de la rematada tontería que estaba poniendo. No era un buen día para trabajar.
Decidió tumbarse en el sofá con una manta para relajarse un poco, y así darle tiempo a la medicina para hacer efecto. Cuando ya se había acomodado advirtió lo lejos que se encontraba el mando a distancia de él. Intentó estirarse todo lo que pudo... pero estaba demasiado lejos. Protestando, se levantó, cogió el mando y volvió a tumbarse. Sin razón ni argumento el mando a distancia no funcionaba. Pulsaba el botón de encender, sin respuesta. Lo pulsaba unas cincuenta veces más... sin éxito.
Sin poder controlarlo dejó con un golpe el mando en la mesa. Se reincorporó y por un instante pensó en su situación. Antes de poder llegar a ningún tipo de conclusión se echó a reír. Desde luego si eso fuera una comedia el estaría sentado atragantándose con las palomitas riéndose de la desgracia ajena. Realmente no es bonito reírse de la desgracia ajena pero nadie puede evitarlo.
Sabía que ese día no iba a poder trabajar, así que decidió descansar para al día siguiente dar todo de sí mismo para sacar adelante el proyecto. Le cambió las pilas al mando y se puso una de sus películas favoritas. No había mejor arma que la sonrisa. Aunque todo parecía ir de mal en peor él sabía que eso no iba a ser eterno, y en realidad no era para tanto.
No pudo evitar quedarse dormido en el sofá. Se perdió la película aunque pudo ver otra distinta en sus sueños. Realmente da igual, pues al despertarse ya no se iba a acordar. Y efectivamente, algo le despertó. Por la oscuridad del ambiente podía afirmar que ya era tarde, había dormido todo el día. Se rascó los ojos y los abrió lentamente. Pudo ver el rostro de una mujer, muy bella por cierto. Estaba sonriendo. Pero no como al que le cuentan un chiste y se ríe, sonreía de verdad. Todo su ser, sus ojos, sus pómulos, sus labios... mostraban felicidad y alegría. Entonces pensó: "No hay nada como la risa como medicina de la vida. Pero no existe mejor panacea que la felicidad de la gente a la que quieres."
No todo es negro en esta vida, y aunque todo parezca ir de mal en peor no hay que olvidar que es pasajero. La felicidad no es pasajera, la otorgan los amigos, el amor, la gente a la que quieres y con ello y una sonrisa todo lo malo siempre se esfuma.
Porque ya falta poco... 3 años ^^
05/12/08 - El día que nuestras historias se cruzaron.

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