miércoles, 25 de enero de 2012

Vivir

La vida, esa "cosa" tan extraña y abstracta en la que todas nos toca jugar. A mi me gusta referirme a ella como a un gran libro, en la que cada capítulo es cada día vivido. Sin embargo, también se puede tomar como un juego para explicarla, y es sin duda el juego más hardcore que existe. Si pensabais que el F.E.A.R era un juego terrorífico estáis bastante equivocados. ¿Batallas épicas? Mejores que las de el Skyrim. Pero saliendo de temas tan frikis, la vida no deja de ser un juego de estrategia pura y dura en el que cada movimiento nos lleva a la victoria o a la derrota.

La vida es una dura adversaria, conoce todos nuestros defectos y le gusta jugar con ellos. Además, sabe que el ser humano es muy vulnerable. Adora tumbarnos continuamente con problemas, cambios de planes imprevistos, responsabilidades... Mucha gente piensa que terminar con ella prematuramente puede ser la solución, pero realmente sólo tiran el control a la basura, su partida a la basura, huir de la propia partida.

Ganar la partida no es ser un triunfador, ni ser el más popular, ni hacer tantas cosas que no tengas memoria suficiente para recopilarlas. Ganar la partida consiste en demostrarle a la vida que no puede ganarte, llegar al fin de tus días feliz. No hace falta conocerlo todo, verlo todo ni haberlo conseguido todo.

Por eso, el mejor arma para derrotar a la vida es superar todos los problemas, demostrar que se es superior a todo ello, la vida es un juego al que estamos obligados a jugar, ¿acaso existe algo más tentador que derrotar a una obligación? Por eso, aunque nos afecte, cada problema, cada depresión, cada duda... hay que ser fuerte y poder mirar el frente, sin vacilar ni mirar atrás. Aprender de la piedra que intentó hacerte caer, y no caer en la piedra que triunfante logró hacerlo.

"Dentro de poco eran las pruebas. Llevaba unos meses preparándose para ellas. Ya era capaz de manejar con soltura todo tipo de armas: alabardas, hachas, espadas, dagas... Incluso había reforzado su agilidad y su velocidad. Las pruebas para guardián del Árbol de la vida eran muy duras pero él sabía que podía hacerlo. La confianza en uno mismo es la mejor arma que podía tener. 


A pesar de todo no podía apartar la mirada de el arsenal que su padre le había forjado para sus pruebas y, en el caso de aprobar, sus días de guardia en torno al Árbol. Todas y cada una de esas armas llevaban un sello grabado, una mariposa de perfil y una corona. Es un símbolo que le inspiraba y tranquilizaba, sin duda sería su insignia.


Se acercaba el día esperado. Preparó su fardo, guardo las armas en su baúl y los llevó a la parte trasera del carro que llevaría sus cosas a la gran ciudad. Se paró un momento para contemplar su casa, su hogar. Sabía que lo iba a añorar pero no existía mayor honor. El Árbol de la vida resplandece dorado en el centro de la gran ciudad. Gracias a él todas las vidas del mundo se mantienen con una viva llama en su corazón. Miles de demonios lo atacaban a diario y los guardianes les plantaban cara. Sí sólo uno de ellos llegara a dañar al Árbol podría destruir la vida de todos los habitantes.


Cuando había terminado de disfrutar de sus últimos minutos en su hogar, se acercó al carro y se subió en él y tomó las riendas. Su padre apareció con la bolsa de sus herramientas, la colocó en el carro y se acercó a su hijo. Antes de subirse, ambos cambiaron su mirada serena a una de preocupación. Un caballero dorado, un guardián del Árbol de la vida, se acercaba a ellos con tono serio. Su padre se apresuró para acercarse al caballero que se bajó del caballo y le extendió una misiva con el sello de la gran ciudad. Su padre estiró el pergamino y lo leyó antes de darle las gracias al mensajero. El caballero partió, y su padre regresó con malas noticias: un gran grupo de demonios estaban atacando la ciudad y las pruebas se atrasaban un mes. 


El desánimo inundó su ser, su mente se lleno de preocupación y pensó en echarlo todo a perder. No pudo evitar gritar a su padre y saltar raudo del carro para tirar con desprecio su espada. El símbolo de la mariposa y la corona estaba lleno de arena cuando su padre la recogió del suelo. Dentro de la casa no pudo evitar gritar de impotencia. Llevaba muchos días preparándose para ese momento tan esperado para que de repente se aplazase. Al final optó por sentarse en la silla más cercana.


Tras segundos de calma se dio cuenta de su reacción de niño pequeño. Se aplazaba, que no se cancelaba. Las ganas acumuladas habían logrado que perdiese la calma y el temple que un guardián del Árbol de la vida debe tener. Para defender las amenazas de la vida debía ser un guerrero altivo, firme, serio e inteligente, no podía permitir que una minucia como esa le destrozara su sueño, o que consiga crear una brecha en la defensa de las vidas de millones de personas, incluido el mismo y todos sus seres queridos.


Cuando su padre entró en casa le cogió la espada que sostenía, le pidió perdón y corrió a por un trapo para limpiarla. Se quedó un rato mirando aquel símbolo que le perseguía desde pequeño. Le encantaba mirarlo fijamente sin parar. Le hacía sentir que estaba grabado en su corazón. Por ese símbolo juró siempre luchar por la vida."

La sonrisa es el mejor arma para combatir los problemas de la vida
pero es importante mantenerse firme para seguir adelante
y poder ganar la partida.


1 comentario:

  1. TwT Me ha gustado muchio
    Tienes que actvalizar más TwT
    Yo también tengo una partida por ganar.

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