“Llevaba varios días siguiendo un precioso camino que serpenteaba en una pradera repleta de color. Las flores lo adornaban dándole toques rosados, amarillentos, rojizos, morados… El olor que desprendían era capaz de tranquilizar a un oso enfurecido y hacía horas que me mantenía relajado. Las abejas volaban por encima de ellas recogiendo el polen para llevarlo a sus queridos panales que colgaban de árboles frutales de todo tipo.
En más de uno de esos días el cielo se prestaba oscuro y grisáceo. La lluvia hacía que las abejas se refugiasen en sus hogares, y que el olor de las flores se tornara en un aroma húmedo y monótono. Después de la tormenta, los días eran tranquilos y el ambiente similar. Las abejas probaban el tiempo para seguir de nuevo con su trabajo, y las flores no se atrevían todavía a lanzar sus fragancias hacía el cielo.
El último de estos días que transcurrían tras una fuerte lluvia, llegué a la entrada de un bosque. No sabía si adentrarme, no parecía muy oscuro pero tampoco estaba claro si era una buena idea. Decidí bordearlo por si resultaba ser engañoso.
Parecía interminable, por más que seguía bordeándolo no llegaba a su fin. Comencé a impacientarme y mi marcha se aceleraba. Cada palmo del bosque parecía llamarme a que entrara en él, pero la inseguridad era dueña de mi ser.
Cuando creía que veía que los árboles se separaban cada vez más pensé que todo terminaba pero, escuché algo. Un cántico, parecía música, salía de lo más profundo del bosque. No sabía que era… pero supe que debía entrar. Sin poder controlar mi cuerpo, me giré y me adentré dentro de él. Cuando quise darme cuenta era ya tarde, había sido hechizado por su encanto.”
A veces puedes ganar mucho entrando en esos bosques, aunque te dé miedo al principio.^^
ResponderEliminardeacuerdo con alejandro....igual encuentras algo bueno ^^
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